sábado, 4 de febrero de 2012

Escribir es mi sueño. Meter el mundo en una página. Sentir el repiqueteo del ordenador o, mejor aún, ver cómo se seca la tinta de una pluma estilográfica en un cuaderno. Es mi pasión. El instante en que me siento más vivo es aquel en que releo una frase, un pasaje, una idea que he detenido para siempre en el banco del papel tranformándolo a mi manera.
Es difícil hacer comprender eso a los que piensan que la vida es tan sólo el armazón que en el pasado tenías por cierto, a quien ha dejado de emocionarse, prisionero de las innumerables dificultades de la vida. Como si las dificultades fueran únicamente un mal rollo cuando, en cambio, son ocasiones, posibilidades de demostrar que podemos conseguir lo que pretendemos.
¿Soy idealista, un loco, un soñador? No lo sé.
Tengo veinte años, miro alrededor y veo que la vida es dura. Sí, pero tambien espléndida. Se las dificultades que tiene, de todas sus responsabilidades. Y también soy consciente de las innumerables injusticias y violencias que nos rodean. No obstante, no he predido la esperanza. Me conmuevo al contemplar un amanecer, daría lo que fuese por un amigo sin sentirme por ello pobre. Danzo por la vida, la invito a bailar, la abrazo sin excederme, la miro a los ojos y la respeto y la amo, al igual que adoro la mirada de una mujer enamorada.
Eso es. Me gustaría estar en esa mirada, dentro, siempre, ser su sueño, hacer que se sienta preciosa y única como una gota de rocío que por la mañana ilumina de repente el pétalo de una violeta. Ahora quiero una mujer, guapa, dulce y sincera.
La quiero y espero que este sentimiento no acabe, que me haga sentir siempre tan bien como ahora. Y, sin embargo, en ocasiones experimento miedo, tengo la impresión de que no tardará en finalizar o de que quizá ese no sea mi camino. No sé porqué. Sensaciones. Pero bueno, mientras tanto sigo adelante, entre otras cosas porque ella es verdaderamente guapa. VIVA LA VIDA.

Carolina se enamora.

martes, 31 de enero de 2012

Hay quien piensa que ser romántico es recitar poesía, cenar a la luz de las velas y pasear bajo la luna llena, pero eso no tiene nada que ver con el romanticismo, ni siquiera con el amor. El verdadero romanticismo consiste en ser incoherente con todos tus principios, romperlos y traicionarlos de cabo a rabo: ni flores, ni velas, ni luz de luna... Ese el verdadero romanticismo, alguien que llegue y te empuje a hacer cosas de las que jamás te creiste capaz, que arrase de un plumazo con todos tus valores, tus "yo nunca", tus "yo que va...". Volverte loco, mudar de piel, morir por alguien, arriesgarte, enamorarte, sentir que te estorba la piel. Y si no sientes eso, entonces puede ser cualquier cosa, pero no es romántico...
Sonríe y deja que los demás se pregunten por qué.