martes, 27 de diciembre de 2011

Y ahora está él, al mismo nivel de batallas que esta cabeza castaña clara. Él, ojos marrones y sonrisa de expresión infinita, paciente en cada una de mis esperas, cantante entre luces y humo de colores, músico sin instrumentos, buscador de tesoros, explorador de mis recovecos, vividor de lo surrealista, máquina expendedora de carcajadas las 24 horas, bufanda y cinturón si me rodean sus brazos, domador de leona, campeón de billares, futbolin, abrazos y provocaciones. Susurrador experto y, por encima de todo, mi vista favorita de la ciudad.
Quiéreme lo suficiente como para entregarme el control, como para exponerte por completo y ser totalmente vulnerable. Quiéreme incluso después de que te haga daño, tanto daño como nunca nadie te hizo. Porque te prometo que yo ya te quiero lo suficiente como para no dejar que eso pase jamás, o incluso más..
Sonríe y deja que los demás se pregunten por qué.