domingo, 10 de junio de 2012

Esculturas que se perdían en su altura por la condensada niebla del cielo de Madrid… cada lugar desde el coche se podía divisar como un destello de albor. Por unos instantes, parece que su llegada ha causado más de un suspiro contenido, silencioso, taciturno…
La puerta del vehículo se abre torpemente y luces cegadoras rompen ese intervalo. Se oyen gritos de la multitud, una persona se aproxima a ella y le susurra al oído palabras inteligibles que le hacen tomar otra ostentación. La ovación de los espectadores al mismo ritmo que sube las escaleras va aumentando. Ninguna palabra es suficiente para describir cómo se siente, esa plenitud que le rebosa por todas las partes de su cuerpo es insostenible, que hasta le hace notar que flojean sus piernas.
La noche envuelta de estrellas la guía hasta el último paso por la larga alfombra roja. En el asiento de cuero claro por fin puede cerrar los ojos y dejarse llevar. Deja el galardón en el asiento de al lado, esta noche podrá dormir bien, ya que se puede nombrar a sí misma como ser creado para el arte.

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Sonríe y deja que los demás se pregunten por qué.